El peligro de no certificar juguetes para adultos
A diferencia de otros dispositivos electrónicos de uso cotidiano, los juguetes para adultos eléctricos presentan condiciones de uso particularmente exigentes. Operan con sistemas eléctricos, baterías recargables y motores de vibración; generan movimiento, calor o estímulos continuos; se utilizan en contacto directo con zonas sensibles del cuerpo y, en muchos casos, funcionan en entornos húmedos.
Estas variables convierten a la seguridad eléctrica y a la calidad de los materiales en factores determinantes. No se trata solo de desempeño tecnológico, sino de prevenir riesgos como sobrecalentamiento, descargas eléctricas, fallas de aislamiento o degradación de materiales.
“Cuando un dispositivo eléctrico está diseñado para el contacto directo con el cuerpo y opera en condiciones de humedad, el margen de error debe ser prácticamente cero. Cualquier falla de aislamiento, control térmico o material puede convertirse en un riesgo real para el usuario”, advierte Irma Gómez, Gerente de la Unidad de Certificación de Productos Eléctricos y Electrónicos en TÜV Rheinland de México.
Certificación: el pilar técnico detrás del bienestar sexual seguro
En México, la certificación de productos eléctricos y electrónicos cumple una función clave que va más allá del cumplimiento normativo: actúa como un sistema de control de riesgos. En el caso de la tecnología íntima, dos normas son especialmente relevantes.
La NOM-001-SCFI-2018 establece los requisitos de seguridad para productos eléctricos cuya operación depende de baterías o electricidad. En términos prácticos, esta evaluación verifica aspectos como el control de temperatura durante el funcionamiento, la prevención de cortocircuitos, la reducción del riesgo de descargas eléctricas y la estabilidad del producto en condiciones normales de uso. Para el consumidor, esto se traduce en experiencias placenteras sin comprometer la integridad física.
Por su parte, la NOM-015-SCFI-2007 Y NOM-024-SCFI-2013, regulan el etiquetado comercial, asegurando que el usuario tenga acceso a información clara y verificable: quién fabrica o importa el producto, cómo debe usarse, qué advertencias considerar y qué evidencia existe de su cumplimiento normativo, así como la garantía. En un mercado de bienestar cada vez más informado, el etiquetado se ha convertido en un componente esencial de la confianza.
“La certificación no es un trámite administrativo; es un proceso técnico que busca anticipar escenarios de falla antes de que el producto llegue al mercado. En tecnología íntima, esto significa evaluar temperatura, estabilidad eléctrica, materiales y comportamiento del producto en condiciones reales de uso”, explica Gómez.
Un mercado en expansión que exige mayor responsabilidad
El crecimiento del sector explica por qué este tema cobra relevancia. El mercado global de juguetes sexuales alcanzó en 2024 un valor cercano a los 38 mil millones de dólares y se espera que supere los 40 mil millones en el corto plazo, impulsado por la innovación tecnológica, la digitalización del consumo y una visión más abierta del bienestar sexual adulto.
Tecnología sin certificación: un riesgo silencioso en fechas clave
Durante temporadas de alta demanda como San Valentín, es común que lleguen al mercado productos sin controles adecuados. Artículos sin etiquetado completo, vendidos a granel, sin información técnica clara, importados sin un responsable legal en el país o sin evidencia de pruebas de seguridad eléctrica representan un riesgo silencioso.
Desde la óptica del bienestar y la tecnología, estos productos no solo comprometen la seguridad del usuario, sino también la confiabilidad, la durabilidad y la experiencia de uso, especialmente cuando se trata de dispositivos diseñados para el contacto directo con el cuerpo.
Bienestar informado: la nueva forma de consumir tecnología íntima
Elegir juguetes eróticos certificados no es solo una decisión técnica, sino una elección consciente de bienestar. Para el consumidor actual, esto implica priorizar productos evaluados bajo normas oficiales, valorar la calidad de los materiales, la durabilidad y el desempeño tecnológico, y asumir un consumo más responsable de tecnología íntima.
En un mercado impulsado por la innovación, la seguridad se consolida como un componente esencial de la experiencia, tan relevante como el diseño o la funcionalidad.
Este San Valentín, el verdadero lujo no está solo en la estética o la tecnología, sino en la seguridad que respalda cada experiencia. Porque cuando la tecnología se integra al bienestar, la certificación deja de ser un requisito técnico y se convierte en una forma de cuidado personal.

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