El detectoturismo suele ser muy llamativo para un alto número de entusiastas que se ven atraídos por un mito de esta práctica: la posibilidad de volverse millonario con el hallazgo de un objeto de alto valor.
Desde la perspectiva de Gabo Castelo, un especialista en detectoturismo y embajador de Minelab, la realidad de las búsquedas de tesoros es muy emocionante y apasionante, pero dista de ser tan fácil como comprar un detector y volverse millonario. Por el contrario, la detección de metales es una actividad que va más allá de la búsqueda del tesoro; es una auténtica aventura que conecta con la historia, la naturaleza y nuevas amistades.
"A lo largo de ocho años he encontrado aproximadamente 15 mil piezas, hablando de balas, botones, monedas, medallas, anillos y muchos más objetos que pueden o no tener valor. Algunos más, otros menos, si vendiera toda mi colección no me haría millonario", comparte Gabo Castelo. "Uno lo hace por la emoción, por la aventura, por conocer la historia, conocer nuevos amigos, nuevos lugares y convivir con la naturaleza. Eso es lo que le da la vida a la detección", añade.
La pasión de Gabo Castelo por el detectoturismo es una fusión de nostalgia y legado familiar. Su conexión con la búsqueda de tesoros se remonta a la infancia, cuando su abuelo lo llevaba a la sierra, creando memorias inolvidables que alimentaron su amor por la historia y la detección de metales. |
Comentarios
Publicar un comentario